No dejes de prestarle a tus empleados la atención que se merecen.
1.- animar a los empleados desmotivados.
2.- mejorar la motivación de los que no han cambiado de actitud.
3.- Recompensar el esfuerzo de aquellos que intentan ser aún más productivos.
Cómo hacerlo:
1.- Brindando información honesta, veraz y transparente. Mantén una comunicación adecuada con tus empleados.
En tiempos revueltos la ausencia de comunicación se interpreta como que me están ocultando algo.
Si las cosas van bien, házselo saber a tus empleados para que no interpreten de forma negativa la ausencia de comunicación.
Si la empresa corre algún riesgo, no ocultes la información. Los empleados tienen el derecho a saber cómo están realmente las cosas. La información tiene que tener consistencia.
2.- Cuida las formas y detalles para que los empleados no se sientan mal, temerosos u ofendidos.
3.- No te olvides de alabar los logros y reconocer el trabajo bien hecho. No quiere decir que se pase por alto los errores que se cometen, hay que corregirlos con mucha cautela.
Cualquier descontento o feedback negativo puede ser interpretado como que "me van a despedir".
4.- Crea un ambiente positivo. Incorpora el humor como una herramienta de gestión básica. Hablar, estar cerca, reírse un poco, mostrar apoyo, transmitir ánimo y energía positiva.
5.- El miedo es un mal sistema de gestión. Si las empresas se fijan exclusivamente en los problemas, agrandan el círculo de preocupaciones. El miedo bloquea la creatividad, anula a la persona y genera estrés.
6.- Reducir el salario sin que la motivación se resienta. Ayuda predicar con el ejenplo, que los de arriba también se reduzcan sus honorarios. Todos los empleados, desde el primero hasta el último se ajustan el cinturón y con ello se logró evitar despidos.
Es importante aclarar que cuando vuelvan los buenos momentos económicos, la gente pueda recuperar su anterior poder adquisitivo.
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